DESENREDANDO LA BELLEZA DOMINICANA: EL SALÓN DE BELLEZA UNTANGLING DOMINICAN BEAUTY: THE HAIR SALON


An essay

Valeria Menendez
Boston University '19


Evelyn's Salon, Indianapolis, Indiana.

Evelyn's Salon, Indianapolis, Indiana.

Si ir al salón de belleza no significa pasarse el día entero allí, no eres dominicana. Para las dominicanas, el salón es algo sagrado. Cada vez que hay un evento, sea tan grande como las navidades, o tan casual como irse de viaje, una parada en el salón es esencial. No importa el servicio que te hagas, las dominicanas se toman su tiempo.


En mi caso, cuando papi me dice que mami está en el salón, yo ya sé que no la veremos hasta la cena. Es casi un reflejo de la cultura dominicana, una cultura relajada, en donde la puntualidad es un relajo, pero al mismo tiempo, es porque son perfeccionistas en eso del pelo. Mi madre siempre sale del salón inmaculada, con su cabello perfecto por prácticamente un mes entero.

Desde muy joven estoy acostumbrada al vocabulario del salónlos rolos, el tubi, y el blower. Rolos se refiere a rulos, un tubi es como envolverse el pelo alrededor de la cabeza agarrado por pinchos y cubierto con una redecilla, mientras que el blower significa la secadora o el secador de pelo. Sin estas palabras esenciales, será difícil entender los servicios del salón.

En los anos 1980s, cuando mis padres se mudaron a Indiana, no había una comunidad grande de latinos, mucho menos de dominicanos. Gracias al crecimiento de la comunidad latina, en los últimos diez años, han aparecido varios salones dominicanos en el área, y la clientela no deja de crecer.  

El salón de mi madre ha cambiado mucho desde ese entonces. Era una experiencia que me transportaba a otro mundo. El salón era muy pequeño, tanto que se llenaba de humedad y tenían que abrir las puertas. Las peluqueras no hablaban mucho inglés, porque no había necesidad, y en manera muy dominicana ofrecían pasteles de hoja. No había casi pausa porque tenían mucha clientela y no mucho espacio, explicando una razón porque ir al salón toma tres cuartos del día.

Las peluqueras pasaban de cliente a cliente sin pausa, pero el espacio limitado y la multitud de clientela hacia que cada persona se pasaba tres cuartos del día en el salón. Pero luego el salón creció, expandieron y renovaron su espacio. Ahora, la clientela es diversa, con Africanos, negros, algunos blancos, y por supuesto otros latinos. Esto hizo que el hablar inglés fuese esencial para poder comunicarse con los clientes, y por ahora la más joven peluquera, que creció en Estados Unidos, es la única realmente bilingüe. Hace un año fue la última vez que fui, y me ofrecieron vino mientras esperaba. ¡Vaya cambio!

Hoy en día es increíble la diversidad que atraen los salones dominicanos. Es interesante pensar que el pelo puede reunir tanta gente de diferentes raíces, donde desafortunadamente, lo único que todas tienen en común, son años y años de discriminación basados en reglas de belleza blanca.

En verdad, creo que es ridículo pasarse tantas horas de la vida intentando cambiarse el pelo natural. Pero no puedo negar que las dominicanas lo han convertido en un arte, y yo salgo del salón con pelo tan lacio que nadie hubiese creído que tengo una cabeza llena de rizos.


 

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