Rescuing Venezuela: Preámbulo al Evento del 26 de octubre en Harvard

Por Leonardo Vivas

Venezuela experimenta la peor crisis de su historia republicana. Mejor dicho, vive dos crisis simultáneas que se alimentan una a la otra. La crisis humanitaria, que consigue a los venezolanos hambrientos y sin medicinas, sin agua ni luz ni transporte y a merced del crimen, ha obligado a cientos de miles de compatriotas a huir del país cada año. Y las medidas que sigue tomando el gobierno hacen que la situación empeore cada día. Recientemente el FMI ajustó sus estimaciones de inflación para 2018 a un 1.300.000%. Pareciera que a Maduro y al resto de la oligarquía dominante sólo la anima destruir un país que hasta hace no mucho vivía decentemente y tenía todo para vivir aún mejor.

La segunda crisis es política y es la causante de la primera. Es el paso del régimen populista, socialista y autoritario de Chávez, donde sobrevivían rasgos de la democracia que experimentó Venezuela durante 40 años, al abiertamente dictatorial de Nicolás Maduro, con ínfimos resquicios de libertad y donde reinan la arbitrariedad y la necesidad de controlar todo, desde lo que se come (o no se come) hasta lo que puedan decir y pensar los ciudadanos. Es la utopía al revés, la necesidad de copiar al carbón el mar de la indigencia y la perversión humana que domina en Cuba y que Chávez en su delirio infernal confundió con la felicidad. 

Ambas crisis se alimentan una a la otra y frente a ella se alza una población inerme que ha ido perdiendo no sólo las herramientas políticas para cambiar el rumbo sino incluso la esperanza. En su esfuerzo por volver a la democracia, durante 20 años las fuerzas democráticas venezolanas lo han intentado todo: protestas abiertas, protestas pacíficas, elecciones, referendos  revocatorios, lucha por el salario, crítica constante y largas jornadas internacionales y hasta alzamientos militares.

En la actualidad, frente al debilitamiento de la lucha interna, la lucha internacional se ha fortalecido enormemente. Gracias al avance de una barbarie que no se puede tapar con un dedo han surgido los aliados de la democracia venezolana que han dedicado largas horas y esfuerzos para aislar a la dictadura. No sólo ha sido el despertar de países que uno tras otro han pasado a condenar al régimen dictatorial, en América Latina, en Europa y en Norteamérica. Han sido también hombres de genio como Luis Moreno Ocampo, antiguo fiscal de la Corte Penal Internacional o héroes como Luis Almagro, Secretario General de la OEA. El primero señaló la estrategia para lograr que Maduro y sus secuaces fueran llevados a La Haya para ser juzgados. El segundo le dio una vuelta de 180 grados a la OEA para preservar lo que restaba de democracia en Venezuela y ahora para rescatarla de nuevo. Gracias a los países que apoyan la lucha por la democracia y a hombres como Luis Almagro y Luis Moreno Ocampo puede fortalecerse la acción internacional para presionar por el indispensable cambio político en el país que pueda sacarlo del pozo de barbarie en que ha caído. Desde esta modesta tribuna queremos decirles gracias, gracias por la solidaridad, gracias por su lucha por la justicia y la libertad, gracias por mantener encendida la antorcha de la esperanza por un cambio democrático en Venezuela.